¿Por qué todos dicen postureo? (1)
Primero de todo quiero aclarar que esto no es una queja, es una opinión. Bueno, es una queja. He visto que @_jorgemoreno tiene un blog y se queja de cosas y he dicho "yo también quiero quejarme de cosas". Lo he dicho estando solo, en un ordenador de la universidad. Una chica me ha mirado raro.
A mí ya se me ocurrió lo de quejarme cuando tenía 10 años y mi madre hacía lentejas para comer, pero nunca lo había hecho en este maravilloso blog.
Me revienta la palabra postureo, no sé muy bien por qué. Suena feo, antiestético, desagradable, deforme, repugnante, repelente, indecoroso, inmoral, sucio, indecente, vergonzoso e incluso mal. Suena mal. Quizás me suene mal a mí porque suena un poco a postre, y nunca he sido muy de postre, me lleno con la comida de verdad.
¿De dónde ha salido?
Hace un año, me atrevería a decir que medio, esta palabra no existía. El hype de esta expresión ha sido tremendo. Cualquier anormal estará pensando "decir hype es postureo". Decir hype hablando en Castellano es ser gilipollas, deja de usar esa mierda de palabra. Hype es como boom, ponerse de moda, una cosa que tiene tirón en un determinado momento, no sé, eso creo, quizás quiera decir holap.
No tengo una teoría clara acerca del origen de la palabra, no tengo ninguna teoría clara acerca de nada porque, de hecho, no tengo ninguna teoría de ningún tipo acerca de ninguna cosa.
Pero si me preguntáis "¿Adri, cuál es tu teoría acerca del origen de la palabra postureo?" entonces seguramente contestaré lo siguiente:
La palabra postureo la dijo un fenicio en la cuna de nuestra civilización. No estoy muy seguro de si la civilización fenicio-púnica es nuestra cuna o qué es, quizás es una cama de esas con barrotes para que no te caigas, no lo sé. Pero un fenicio dijo postureo, allà por esos tiempos. La dijo sin querer, como cuando Joaquín Reyes hace como si hablara inglés. No fue hasta el siglo XXI de nuestra era (desconozco si hay más de una) cuando alguien repetiría esa palabra. Fue una chica, eso seguro, como lo de la puta manzana y lo de la caja de Pandora. Pandora debió ser la primera mujer en coleccionar cajas, este tema me interesa sobremanera pero ya hablaré de él otro día. Total, que una tía estaría probándose ropa con otra amiga y mirándose al espejo haciendo poses como si por ser retrasadas ya fuesen modelos, y dijo "me mola tu postura", y la otra le contestó que a ella también la suya, por devolverle el favor. "Qué buen postureo nos llevamos". Así, sin más, esa chica acababa de cambiar el transcurso de la sociedad actual. Un joven con camisa de cuadros y gafas de pasta al pesto lo escuchó y pensó que ya sabía como definir el traje hortera de brillantes que le había visto al cantante de Muse. Ese traje es postureo, pensó. Se lo dijo a un amigo que tenía Twitter y ¡BOOOOOOM! El boom fue en oriente próximo y no tiene nada que ver con lo anterior.
Al final no era mucho una queja, pero bueno, todo el mundo tiene derecho a ser imbécil y hablar con expresiones de mierda, a mí plin.
viernes, 25 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
Dos en uno.
La casa es un trastero silencioso que se apaga y enciende los deseos de huir. Es difícil huir si no tienes a dónde ir. Hay un destino pero no es el que está marcado por las estrellas ni por dios ni por Sandro Rey. Hay un destino para la huida. Preparado para ella, no es lo más difícil. Escapar requiere valor y llegar provoca miedo, lo dice Pucho, pero lo más difícil es mantenerse después de llegar. No volver a huir, que no vuelvan a huir.
Las expectativas son altas y la desesperación, el odio y la decepción, acechan detrás de los mejores sentimientos. Del deseo al amor, del amor al odio, del odio al deseo. Sin regla ni exactitud se alternan los estados en una vida demasiado corta para soñar y demasiado larga para vivir. O demasiado corta para vivir y demasiado larga para soñar. Es lo mismo pues lo que no concuerda es lo soñado y lo vivido. No es un problema porque lo soñado ya es pasado y cuán aburrido sería repetirlo.
Buscamos para encontrar lo que no buscábamos. Cuando todo sucede por nada y te das cuenta de que todo te ha llevado a todo lo demás sin que tu supieses nada. Desequilibrio con desequilibrio. Si no puedes evitar romperte aprende a arreglarte.
Diviso un pie, y poco a poco me es revelada la pierna. Los dos cubiertos por unas medias negras, todo está oscuro menos la ya completa y perfecta silueta, débil y poderosa, de una niña muy mayor, o de una mujer muy joven. Se acerca, lleva la ropa justa para enseñarme y ocultarme todo lo que quiero ver. Con el mismo pie con el que me ha hipnotizado me aplasta el pecho hacia mi incómodo asiento, sólo se oye el latido acelerado de un corazón desprevenido. Baja para comprobar que estoy interesado, sonríe y se da la vuelta. Se aleja muy lentamente y entiendo que no tiene ningún lugar a dónde ir y que quiere que yo tampoco lo tenga. No lo tengo, nunca he estado menos interesado en marcharme de algún sitio. Se quita una de las prendas y calculo que sólo tres me separan de la imagen más bella y espectacular que voy a ver en mi vida. "Parece que tienes calor" me dice. Hija de puta, cómo lo sabe. "Sí...no ayudas" contesto. Espero que no sea una de esas veces en que el gracioso la fastidia. Por suerte sonríe, no es exigente, al menos en cuánto a eso, me alivio. "Ya casi me había olvidado de ti". No suelo decir mentiras tan grandes. "Pensé que no estabas interesada". Ahora no se ríe, "Calla". Callo. Me Invita a que la siga, me dice que no vamos muy lejos y se mete en una habitación. Me coge y me besa, la cosa va deprisa. Calculo, aún lleva dos. Damos un par de vueltas en la cama. Sin saber muy bien cómo, ya estoy desnudo. Pienso que es injusto que ella tenga que verme a mi cuando yo puedo verla a ella, pero parece muy contenta. Le quito la última prenda con firmeza. Ahí está.
Las expectativas son altas y la desesperación, el odio y la decepción, acechan detrás de los mejores sentimientos. Del deseo al amor, del amor al odio, del odio al deseo. Sin regla ni exactitud se alternan los estados en una vida demasiado corta para soñar y demasiado larga para vivir. O demasiado corta para vivir y demasiado larga para soñar. Es lo mismo pues lo que no concuerda es lo soñado y lo vivido. No es un problema porque lo soñado ya es pasado y cuán aburrido sería repetirlo.
Buscamos para encontrar lo que no buscábamos. Cuando todo sucede por nada y te das cuenta de que todo te ha llevado a todo lo demás sin que tu supieses nada. Desequilibrio con desequilibrio. Si no puedes evitar romperte aprende a arreglarte.
Diviso un pie, y poco a poco me es revelada la pierna. Los dos cubiertos por unas medias negras, todo está oscuro menos la ya completa y perfecta silueta, débil y poderosa, de una niña muy mayor, o de una mujer muy joven. Se acerca, lleva la ropa justa para enseñarme y ocultarme todo lo que quiero ver. Con el mismo pie con el que me ha hipnotizado me aplasta el pecho hacia mi incómodo asiento, sólo se oye el latido acelerado de un corazón desprevenido. Baja para comprobar que estoy interesado, sonríe y se da la vuelta. Se aleja muy lentamente y entiendo que no tiene ningún lugar a dónde ir y que quiere que yo tampoco lo tenga. No lo tengo, nunca he estado menos interesado en marcharme de algún sitio. Se quita una de las prendas y calculo que sólo tres me separan de la imagen más bella y espectacular que voy a ver en mi vida. "Parece que tienes calor" me dice. Hija de puta, cómo lo sabe. "Sí...no ayudas" contesto. Espero que no sea una de esas veces en que el gracioso la fastidia. Por suerte sonríe, no es exigente, al menos en cuánto a eso, me alivio. "Ya casi me había olvidado de ti". No suelo decir mentiras tan grandes. "Pensé que no estabas interesada". Ahora no se ríe, "Calla". Callo. Me Invita a que la siga, me dice que no vamos muy lejos y se mete en una habitación. Me coge y me besa, la cosa va deprisa. Calculo, aún lleva dos. Damos un par de vueltas en la cama. Sin saber muy bien cómo, ya estoy desnudo. Pienso que es injusto que ella tenga que verme a mi cuando yo puedo verla a ella, pero parece muy contenta. Le quito la última prenda con firmeza. Ahí está.
viernes, 28 de diciembre de 2012
Adele
Para Adele ya no tenían sentido las historias cortas de camino rápido y final insulso. Tampoco encontraba ya interesante el pasado, que era un conjunto de recuerdos montados y editados de manera pretenciosa para creer que realmente había sido bueno. El futuro era, como siempre, todo lo que nunca sería. En cuanto al presente, parecía ser lo único que tenía y aunque pensar en él era agotador, vivirlo no le parecía tan malo.
Os estáis imaginando a la cantante entrada en carnes (esa podría ser también Lady Gaga) y no es ella.
Adele medía 1'69, aún hoy mide así. Era delgada y tenía el pelo largo y rojo. Con frecuencia achinaba los ojos para mirar las cosas, pues veía mal incluso con las gafas. Adele era tímida y se ponía escote y minifalda para que las miradas de los demás no intentasen descubrir lo que había más allá. Vivía preocupada por su despreocupación y por las mañanas dormitaba con los ojos abiertos en clases poco interesantes sobre cosas que ella había pensado que le gustaría aprender. Estaba cansada de casi todo y sabía que no podría seguir así mucho tiempo.
Cuando llegó el verano de 2013 Adele dejó una nota en el frigorífico de su casa que decía que volvería pronto. Era una de esas mentiras que se dicen pensando que quizás no lo sean, más por evitar el peso de la realidad que por otra cosa. Si quería una historia de verdad, de las que dan lugar a películas, o al menos de las que cambian una vida, era el momento de empezarla.
Os estáis imaginando a la cantante entrada en carnes (esa podría ser también Lady Gaga) y no es ella.
Adele medía 1'69, aún hoy mide así. Era delgada y tenía el pelo largo y rojo. Con frecuencia achinaba los ojos para mirar las cosas, pues veía mal incluso con las gafas. Adele era tímida y se ponía escote y minifalda para que las miradas de los demás no intentasen descubrir lo que había más allá. Vivía preocupada por su despreocupación y por las mañanas dormitaba con los ojos abiertos en clases poco interesantes sobre cosas que ella había pensado que le gustaría aprender. Estaba cansada de casi todo y sabía que no podría seguir así mucho tiempo.
Cuando llegó el verano de 2013 Adele dejó una nota en el frigorífico de su casa que decía que volvería pronto. Era una de esas mentiras que se dicen pensando que quizás no lo sean, más por evitar el peso de la realidad que por otra cosa. Si quería una historia de verdad, de las que dan lugar a películas, o al menos de las que cambian una vida, era el momento de empezarla.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Poesía para tontos.
La poesía (del griego ποίησις 'creación' < ποιέω 'crear') es un género literario considerado como una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.
Eso dice la Wikipedia, me parece bien, no lo discutiré ni lo comprobaré con otra fuente, me fío.
Muchos piensan (no tantos, en realidad) que la poesía está reservada para aquellas mentes románticas y creativas que tienen un don para la palabra. Discrepo (Me encanta esta palabra, algún día sabré lo que significa). Yo no estoy de acuerdo con eso, escribir poesía es fácil y está al alcance de casi todos. La gente se cree que lo importante de la poesía son las palabras, que ellas transmiten emociones y sentimientos, pero como ya sabréis la gente es gilipollas. Si no lo sabíais es porque sois gilipollas, no os preocupéis. En realidad la poesía es como vuestra prima del pueblo, muy fácil.
Para escribir poesía, lo primero de todo es conseguir un pergamino que esté quemado y arrugado por los bordes. Muchos de vosotros estaréis a punto de llorar porque no sabéis dónde conseguirlo, no es culpa vuestra, es culpa de la educación de éste país. Lo que podéis hacer, si no conocéis a ningún vendedor de pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía, es comprar un pergamino normal (o robarlo, si vais mal de dinero) y quemarlo vosotros mismos. Al hacerlo puede que los bordes os queden demasiado negros, si os pasa esto compráis (sé que robareis) una goma de borrar y vais borrando hasta que quede a vuestro gusto.
Una vez conseguido el pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía tenéis que conseguir una pluma. ¿Vale cualquier pluma? NO. La pluma tiene que tener una historia detrás. Lo recomendado es que perteneciese a algún antepasado vuestro del que se sabe poco y todo exagerado, pero si la compráis, os la coméis y la cagáis, también vale.
Lo siguiente es enamorarse muy fuerte. Enamorarse es fácil para todos ya que, como he explicado antes, la gente es gilipollas. La cosa es que no os podéis enamorar de cualquiera, debéis hacerlo de alguien que pase de vosotros. Esto es más fácil para los tíos que para las tías. Si tienes la trilogía de Star Wars remasterizada en DVD, lo tienes hecho.
Una vez enamorados (muy fuerte) de una persona que pasa de vosotros, podéis hacer dos cosas, declararle vuestro amor y que os rechace, o directamente asumir que no tenéis nada que hacer. Yo prefiero que hagáis lo primero, lo grabéis y me lo enviéis, pero es sólo porque disfruto con el ridículo de los demás.
Cuando estéis devastados por la imposibilidad de consumar, lo que tenéis que hacer es esperar a que llegue una noche de tormenta. "Qué estupidez" podréis pensar, pero ¿A caso alguien ha escrito alguna vez poesía en el desierto? No tengo ni idea. Además, en el desierto hay tormentas de arena, así que tenéis razón, pero esperad a que llueva y haya truenos, que así tiene más gracia. Si vuestro vecino se ha dejado los aspersores del jardín puestos y sus ronquidos hacen que tiemble el edificio, y además da la casualidad de que alguien saca fotos con flash, podéis intentar escribir, ya que se consigue un entorno aproximado al de una tormenta, pero lo más seguro es que acabéis escribiendo algo similar a una canción de Alex Ubago. Así pues, lo mejor es esperar.
Cuando llega la noche de tormenta tenéis que pensar mucho en el desamor, en el dolor, en esa persona imposible que seguramente se estará tirando a alguien más atractivo que vosotros, aprovechando el ruido de la tormenta para que sus padres no le oigan. Una vez deprimidos os ponéis a escribir, lo que escribáis tiene que rimar. La rima asonante es cutre. Podéis dejar caer lágrimas de dolor sobre el papel y que se corra la tinta, pero eso puede ser demasiado vulnerabilidad junta. También se han dado casos de que se corra la persona que escribe, dejando caer lágrimas de placer sobre el papel, eso destroza todo el trabajo que habéis hecho anteriormente.
Después de escribir la cursilada de turno enrolláis el pergamino (Si lo habéis escrito en un papel habéis muerto para mi) en un cordel, rojo, a ser posible.
Luego guardáis esa poesía en un cajón durante años, hasta que décadas más tarde lo leéis y os reís de lo patéticos que eráis, o se lo entregáis a la persona que amáis y ella se ríe de lo patéticos que sois. Vosotros decidís.
¡Y ya está! Sois poetas, infelices que se expresan en un formato que ya hace muchos años que está obsoleto, si lo queréis llamar de otra manera.
Hasta aquí poesía para tontos, os he enseñado todo lo que sé (que no es mucho, aclaro, para los más gilipollas) sobre este noble arte, ahora debéis continuar solos, a través del bosque de palabras que es la poesía.
Muchos piensan (no tantos, en realidad) que la poesía está reservada para aquellas mentes románticas y creativas que tienen un don para la palabra. Discrepo (Me encanta esta palabra, algún día sabré lo que significa). Yo no estoy de acuerdo con eso, escribir poesía es fácil y está al alcance de casi todos. La gente se cree que lo importante de la poesía son las palabras, que ellas transmiten emociones y sentimientos, pero como ya sabréis la gente es gilipollas. Si no lo sabíais es porque sois gilipollas, no os preocupéis. En realidad la poesía es como vuestra prima del pueblo, muy fácil.
Para escribir poesía, lo primero de todo es conseguir un pergamino que esté quemado y arrugado por los bordes. Muchos de vosotros estaréis a punto de llorar porque no sabéis dónde conseguirlo, no es culpa vuestra, es culpa de la educación de éste país. Lo que podéis hacer, si no conocéis a ningún vendedor de pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía, es comprar un pergamino normal (o robarlo, si vais mal de dinero) y quemarlo vosotros mismos. Al hacerlo puede que los bordes os queden demasiado negros, si os pasa esto compráis (sé que robareis) una goma de borrar y vais borrando hasta que quede a vuestro gusto.
Una vez conseguido el pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía tenéis que conseguir una pluma. ¿Vale cualquier pluma? NO. La pluma tiene que tener una historia detrás. Lo recomendado es que perteneciese a algún antepasado vuestro del que se sabe poco y todo exagerado, pero si la compráis, os la coméis y la cagáis, también vale.
Lo siguiente es enamorarse muy fuerte. Enamorarse es fácil para todos ya que, como he explicado antes, la gente es gilipollas. La cosa es que no os podéis enamorar de cualquiera, debéis hacerlo de alguien que pase de vosotros. Esto es más fácil para los tíos que para las tías. Si tienes la trilogía de Star Wars remasterizada en DVD, lo tienes hecho.
Una vez enamorados (muy fuerte) de una persona que pasa de vosotros, podéis hacer dos cosas, declararle vuestro amor y que os rechace, o directamente asumir que no tenéis nada que hacer. Yo prefiero que hagáis lo primero, lo grabéis y me lo enviéis, pero es sólo porque disfruto con el ridículo de los demás.
Cuando estéis devastados por la imposibilidad de consumar, lo que tenéis que hacer es esperar a que llegue una noche de tormenta. "Qué estupidez" podréis pensar, pero ¿A caso alguien ha escrito alguna vez poesía en el desierto? No tengo ni idea. Además, en el desierto hay tormentas de arena, así que tenéis razón, pero esperad a que llueva y haya truenos, que así tiene más gracia. Si vuestro vecino se ha dejado los aspersores del jardín puestos y sus ronquidos hacen que tiemble el edificio, y además da la casualidad de que alguien saca fotos con flash, podéis intentar escribir, ya que se consigue un entorno aproximado al de una tormenta, pero lo más seguro es que acabéis escribiendo algo similar a una canción de Alex Ubago. Así pues, lo mejor es esperar.
Cuando llega la noche de tormenta tenéis que pensar mucho en el desamor, en el dolor, en esa persona imposible que seguramente se estará tirando a alguien más atractivo que vosotros, aprovechando el ruido de la tormenta para que sus padres no le oigan. Una vez deprimidos os ponéis a escribir, lo que escribáis tiene que rimar. La rima asonante es cutre. Podéis dejar caer lágrimas de dolor sobre el papel y que se corra la tinta, pero eso puede ser demasiado vulnerabilidad junta. También se han dado casos de que se corra la persona que escribe, dejando caer lágrimas de placer sobre el papel, eso destroza todo el trabajo que habéis hecho anteriormente.
Después de escribir la cursilada de turno enrolláis el pergamino (Si lo habéis escrito en un papel habéis muerto para mi) en un cordel, rojo, a ser posible.
Luego guardáis esa poesía en un cajón durante años, hasta que décadas más tarde lo leéis y os reís de lo patéticos que eráis, o se lo entregáis a la persona que amáis y ella se ríe de lo patéticos que sois. Vosotros decidís.
¡Y ya está! Sois poetas, infelices que se expresan en un formato que ya hace muchos años que está obsoleto, si lo queréis llamar de otra manera.
Hasta aquí poesía para tontos, os he enseñado todo lo que sé (que no es mucho, aclaro, para los más gilipollas) sobre este noble arte, ahora debéis continuar solos, a través del bosque de palabras que es la poesía.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Es triste ver un rostro sin vida. No sé que decirte. Vas a recuperar lo que te han quitado. Y es muy probable que la próxima vez sea mejor. Suele serlo. Me preguntas cómo se hace después de que alguien como ella te decepcione pero yo siempre fui de los suyos. Tú vas a aprender de esto y nosotros vamos a aprender de ti. Tienes más fuerza de la que podíamos ver. Arder es el primer paso, y tú lo haces mucho antes de lo que yo podría. No hay mucho que pueda decirte pero no importa porque creo que esto se digiere con silencios.
domingo, 5 de agosto de 2012
hopelandic
Cuando nos despedimos a gritos en esa fría sala de espera nos odiábamos como nunca imaginé que se pudiese odiar a alguien. Nos odiábamos tanto... Yo no sabía si la odiaba más a ella o a mí. Odiaba odiarla. Pero no me arrepentía de haber llegado a ese punto.
Todas las pequeñas divergencias, graciosas y necesarias en los días de esplendor para no caer en el aburrimiento, eran ahora una corriente imparable hacia la destrucción.
Sus ojos encendidos se clavaban en mí mientras el fin se acercaba, cada vez más decidido, sin miedo ya a destrozar todos los recuerdos y a dividir para siempre dos vidas que ya hacía demasiado tiempo que se habían encontrado. Sus ojos encendidos buscaban en los míos la mirada definitiva, un último intercambio de sentimiento mutuo. Odio, sí, pero recíproco. Dos almas tan hartas como dependientes la una de la otra. Dos almas que deseaban morir, acabar juntas la historia que ya no podían continuar. Me dolía todo, me dolía la cabeza, los ojos, el pecho. Me dolían los pensamientos. Me dolían los recuerdos del principio que mi mente me enseñaba en un intento desesperado de evitar lo inevitable. Y ella. Por un momento sus ojos se limpiaban de odio y la tristeza los invadía, pero cuando parecía que habría un respiro la realidad volvía, y con ella la desesperación ante la imposibilidad de resolver el problema, ante la imposibilidad de no abandonar. Fueron horas. Y no es que me lo pareciese a mí. Miré el reloj, fueron horas. Horas en las que el deseo de salir corriendo era tan fuerte como el deseo de permanecer allí, sin cambios, vivir para siempre en esa espiral de dolor que nos permitiese conservar el vínculo que no estábamos preparados para abandonar. No me arrepentía de haber llegado a ese punto. Habíamos exprimido todo. Habíamos intentado todo. Y deseé no volver a sentir jamás ni lo bueno ni lo malo que había sentido por ella. Deseé dormirme. Deseé volver al principio y luego lo descarté al pensar en que cualquier principio tiene un final. Se me pasaron por la cabeza los errores y los aciertos en forma de estadísticas deportivas. Se me pasaron los mejores momentos, las vacaciones en París pasaban a cámara lenta por mi mente mientras mi propia voz comentaba "Es difícil elegir el mejor momento pero sin duda esa noche en los campos elíseos es digna del premio ¿no crees Adri?". Me odié por tener esa tendencia a convertir la realidad en un juego de niños. Y entonces la miré y le dije que se hacía tarde, que perdería el avión, y ella empezó a llorar y ya no paró.
sábado, 14 de julio de 2012
De arte compartido y teléfonos rotos.
En las tardes calurosas acostumbraba a dejarse caer en la cama y se distraía con alguna película cuya visualización ya había pospuesto 3 o 4 veces. No tenía un gusto exquisito para el cine y casi nunca vio una película lo suficientemente mala como para quitarla. A pesar de que de pequeño le habían repetido varias veces que había demasiadas cosas bonitas por ver en este mundo como para volver a ver las ya vistas, él veía sus películas favoritas una y otra vez. Se perdía en los pequeños detalles, alguna vez se sorprendía descubriendo una nueva emoción gracias a un plano y una frase que habían pasado desapercibidos la vez anterior. Sin embargo, por lo general, simplemente disfrutaba de ver y sentir exactamente lo mismo. Alguna vez se hartaba de alguna de esas películas favoritas pero al poco tiempo volvía a ellas como un niño cuando vuelve a la playa después del invierno. A veces le daba por leer,y subrayaba las frases que más le gustaban para apuntarlas luego en un cuaderno que nunca escribió titulado "Frases que más me gustan". Los libros eran más difíciles que las películas, tenía una lista de lecturas que le habían recomendado y solían ser esas sus elegidas para empezar a leer. Le gustaba leer, ver o escuchar cosas que le habían recomendado, sobretodo si lo había hecho Sandra. Sin darse cuenta jugaba a descubrir los pensamientos y emociones que ella había tenido mientras se impregnaba de ese arte que había considerado apropiado para recomendarle. Así intentaba, con éxito, no transformar su soledad y aburrimiento en borracheras y drogas, eso lo dejaba para las contadas ocasiones en las que se dignaba a hacer caso a sus amigos y salía con ellos.
Cuando la ausencia se convertía en dolor, intentaba aprovechar para crear su propio arte, ya que, aunque se sintiese identificado con todas esas palabras de artistas que nunca llegaba a apuntar, se veía capaz de explicarlo mejor por si mismo.
A veces llamaba, pues tenía miedo de olvidar su voz, pero prefería no hacerlo muy a menudo puesto que la frialdad del teléfono le resultaba incómoda y también porque no solía tener mucho que contar. Las anécdotas parecían vacías, y lo único que conseguían era aumentar la soledad de la habitación. Además al colgar le invadía la añoranza mientras en su cabeza retumbaba ese adiós con tono triste que tenía tanto de "siento que no estés aquí" como de "siento que no tengamos nada más que decir".
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