viernes, 28 de diciembre de 2012

Adele

Para Adele ya no tenían sentido las historias cortas de camino rápido y final insulso. Tampoco encontraba ya interesante el pasado, que era un conjunto de recuerdos montados y editados de manera pretenciosa para creer que realmente había sido bueno. El futuro era, como siempre, todo lo que nunca sería. En cuanto al presente, parecía ser lo único que tenía y aunque pensar en él era agotador, vivirlo no le parecía tan malo.
Os estáis imaginando a la cantante entrada en carnes (esa podría ser también Lady Gaga) y no es ella.
 Adele medía 1'69, aún hoy mide así. Era delgada y tenía el pelo largo y rojo. Con frecuencia achinaba los ojos para mirar las cosas, pues veía mal incluso con las gafas. Adele era tímida y se ponía escote y minifalda para que las miradas de los demás no intentasen descubrir lo que había más allá. Vivía preocupada por su despreocupación y por las mañanas dormitaba con los ojos abiertos en clases poco interesantes sobre cosas que ella había pensado que le gustaría aprender. Estaba cansada de casi todo y sabía que no podría seguir así mucho tiempo.
Cuando llegó el verano de 2013 Adele dejó una nota en el frigorífico de su casa que decía que volvería pronto. Era una de esas mentiras que se dicen pensando que quizás no lo sean, más por evitar el peso de la realidad que por otra cosa. Si quería una historia de verdad, de las que dan lugar a películas, o al menos de las que cambian una vida, era el momento de empezarla.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Poesía para tontos.

La poesía (del griego ποίησις 'creación' < ποιέω 'crear') es un género literario considerado como una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. Eso dice la Wikipedia, me parece bien, no lo discutiré ni lo comprobaré con otra fuente, me fío.
    
Muchos piensan (no tantos, en realidad) que la poesía está reservada para aquellas mentes románticas y creativas que tienen un don para la palabra. Discrepo (Me encanta esta palabra, algún día sabré lo que significa).  Yo no estoy de acuerdo con eso, escribir poesía es fácil y está al alcance de casi todos. La gente se cree que lo importante de la poesía son las palabras, que ellas transmiten emociones y sentimientos, pero como ya sabréis la gente es gilipollas. Si no lo sabíais es porque sois gilipollas, no os preocupéis. En realidad la poesía es como vuestra prima del pueblo, muy fácil.

 Para escribir poesía, lo primero de todo es conseguir un pergamino que esté quemado y arrugado por los bordes. Muchos de vosotros estaréis a punto de llorar porque no sabéis dónde conseguirlo, no es culpa vuestra, es culpa de la educación de éste país. Lo que podéis hacer, si no conocéis a ningún vendedor de pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía, es comprar un pergamino normal (o robarlo, si vais mal de dinero) y quemarlo vosotros mismos. Al hacerlo puede que los bordes os queden demasiado negros, si os pasa esto compráis (sé que robareis) una goma de borrar y vais borrando hasta que quede a vuestro gusto.
 Una vez conseguido el pergamino quemado y arrugado por los bordes para escribir poesía tenéis que conseguir una pluma. ¿Vale cualquier pluma? NO. La pluma tiene que tener una historia detrás. Lo recomendado es que perteneciese a algún antepasado vuestro del que se sabe poco y todo exagerado, pero si la compráis, os la coméis y la cagáis, también vale.
 Lo siguiente es enamorarse muy fuerte. Enamorarse es fácil para todos ya que, como he explicado antes, la gente es gilipollas. La cosa es que no os podéis enamorar de cualquiera, debéis hacerlo de alguien que pase de vosotros. Esto es más fácil para los tíos que para las tías. Si tienes la trilogía de Star Wars remasterizada en DVD, lo tienes hecho.
 Una vez enamorados (muy fuerte) de una persona que pasa de vosotros, podéis hacer dos cosas, declararle vuestro amor y que os rechace, o directamente asumir que no tenéis nada que hacer. Yo prefiero que hagáis lo primero, lo grabéis y me lo enviéis, pero es sólo porque disfruto con el ridículo de los demás.
  Cuando estéis devastados por la imposibilidad de consumar, lo que tenéis que hacer es esperar a que llegue una noche de tormenta. "Qué estupidez" podréis pensar, pero ¿A caso alguien ha escrito alguna vez poesía en el desierto? No tengo ni idea. Además, en el desierto hay tormentas de arena, así que tenéis razón, pero esperad a que llueva y haya truenos, que así tiene más gracia. Si vuestro vecino se ha dejado los aspersores del jardín puestos y sus ronquidos hacen que tiemble el edificio, y además da la casualidad de que alguien saca fotos con flash, podéis intentar escribir, ya que se consigue un entorno aproximado al de una tormenta, pero lo más seguro es que acabéis escribiendo algo similar a una canción de Alex Ubago. Así pues, lo mejor es esperar.
 Cuando llega la noche de tormenta tenéis que pensar mucho en el desamor, en el dolor, en esa persona imposible que seguramente se estará tirando a alguien más atractivo que vosotros, aprovechando el ruido de la tormenta para que sus padres no le oigan. Una vez deprimidos os ponéis a escribir, lo que escribáis tiene que rimar. La rima asonante es cutre. Podéis dejar caer lágrimas de dolor sobre el papel y que se corra la tinta, pero eso puede ser demasiado vulnerabilidad junta. También se han dado casos de que se corra la persona que escribe, dejando caer lágrimas de placer sobre el papel, eso destroza todo el trabajo que habéis hecho anteriormente.
 Después de escribir la cursilada de turno enrolláis el pergamino (Si lo habéis escrito en un papel habéis muerto para mi) en un cordel, rojo, a ser posible.
 Luego guardáis esa poesía en un cajón durante años, hasta que décadas más tarde lo leéis y os reís de lo patéticos que eráis, o se lo entregáis a la persona que amáis y ella se ríe de lo patéticos que sois. Vosotros decidís.

 ¡Y ya está! Sois poetas, infelices que se expresan en un formato que ya hace muchos años que está obsoleto, si lo queréis llamar de otra manera.

Hasta aquí poesía para tontos, os he enseñado todo lo que sé (que no es mucho, aclaro, para los más gilipollas) sobre este noble arte, ahora debéis continuar solos, a través del bosque de palabras que es la poesía.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Es triste ver un rostro sin vida. No sé que decirte. Vas a recuperar lo que te han quitado. Y es muy probable que la próxima vez sea mejor. Suele serlo. Me preguntas cómo se hace después de que alguien como ella te decepcione pero yo siempre fui de los suyos. Tú vas a aprender de esto y nosotros vamos a aprender de ti. Tienes más fuerza de la que podíamos ver. Arder es el primer paso, y tú lo haces mucho antes de lo que yo podría. No hay mucho que pueda decirte pero no importa porque creo que esto se digiere con silencios.

domingo, 5 de agosto de 2012

hopelandic

Cuando nos despedimos a gritos en esa fría sala de espera nos odiábamos como nunca imaginé que se pudiese odiar a alguien. Nos odiábamos tanto... Yo no sabía si la odiaba más a ella o a mí. Odiaba odiarla. Pero no me arrepentía de haber llegado a ese punto. Todas las pequeñas divergencias, graciosas y necesarias en los días de esplendor para no caer en el aburrimiento, eran ahora una corriente imparable hacia la destrucción. Sus ojos encendidos se clavaban en mí mientras el fin se acercaba, cada vez más decidido, sin miedo ya a destrozar todos los recuerdos y a dividir para siempre dos vidas que ya hacía demasiado tiempo que se habían encontrado. Sus ojos encendidos buscaban en los míos la mirada definitiva, un último intercambio de sentimiento mutuo. Odio, sí, pero recíproco. Dos almas tan hartas como dependientes la una de la otra. Dos almas que deseaban morir, acabar juntas la historia que ya no podían continuar. Me dolía todo, me dolía la cabeza, los ojos, el pecho. Me dolían los pensamientos. Me dolían los recuerdos del principio que mi mente me enseñaba en un intento desesperado de evitar lo inevitable. Y ella. Por un momento sus ojos se limpiaban de odio y la tristeza los invadía, pero cuando parecía que habría un respiro la realidad volvía, y con ella la desesperación ante la imposibilidad de resolver el problema, ante la imposibilidad de no abandonar. Fueron horas. Y no es que me lo pareciese a mí. Miré el reloj, fueron horas. Horas en las que el deseo de salir corriendo era tan fuerte como el deseo de permanecer allí, sin cambios, vivir para siempre en esa espiral de dolor que nos permitiese conservar el vínculo que no estábamos preparados para abandonar. No me arrepentía de haber llegado a ese punto. Habíamos exprimido todo. Habíamos intentado todo. Y deseé no volver a sentir jamás ni lo bueno ni lo malo que había sentido por ella. Deseé dormirme. Deseé volver al principio y luego lo descarté al pensar en que cualquier principio tiene un final. Se me pasaron por la cabeza los errores y los aciertos en forma de estadísticas deportivas. Se me pasaron los mejores momentos, las vacaciones en París pasaban a cámara lenta por mi mente mientras mi propia voz comentaba "Es difícil elegir el mejor momento pero sin duda esa noche en los campos elíseos es digna del premio ¿no crees Adri?". Me odié por tener esa tendencia a convertir la realidad en un juego de niños. Y entonces la miré y le dije que se hacía tarde, que perdería el avión, y ella empezó a llorar y ya no paró.

sábado, 14 de julio de 2012

De arte compartido y teléfonos rotos.

En las tardes calurosas acostumbraba a dejarse caer en la cama y se distraía con alguna película cuya visualización ya había pospuesto 3 o 4 veces. No tenía un gusto exquisito para el cine y casi nunca vio una película lo suficientemente mala como para quitarla. A pesar de que de pequeño le habían repetido varias veces que había demasiadas cosas bonitas por ver en este mundo como para volver a ver las ya vistas, él veía sus películas favoritas una y otra vez. Se perdía en los pequeños detalles, alguna vez se sorprendía descubriendo una nueva emoción gracias a un plano y una frase que habían pasado desapercibidos la vez anterior. Sin embargo, por lo general, simplemente disfrutaba de ver y sentir exactamente lo mismo. Alguna vez se hartaba de alguna de esas películas favoritas pero al poco tiempo volvía a ellas como un niño cuando vuelve a la playa después del invierno. A veces le daba por leer,y subrayaba las frases que más le gustaban para apuntarlas luego en un cuaderno que nunca escribió titulado "Frases que más me gustan". Los libros eran más difíciles que las películas, tenía una lista de lecturas que le habían recomendado y solían ser esas sus elegidas para empezar a leer. Le gustaba leer, ver o escuchar cosas que le habían recomendado, sobretodo si lo había hecho Sandra. Sin darse cuenta jugaba a descubrir los pensamientos y emociones que ella había tenido mientras se impregnaba de ese arte que había considerado apropiado para recomendarle. Así intentaba, con éxito, no transformar su soledad y aburrimiento en borracheras y drogas, eso lo dejaba para las contadas ocasiones en las que se dignaba a hacer caso a sus amigos y salía con ellos. Cuando la ausencia se convertía en dolor, intentaba aprovechar para crear su propio arte, ya que, aunque se sintiese identificado con todas esas palabras de artistas que nunca llegaba a apuntar, se veía capaz de explicarlo mejor por si mismo. A veces llamaba, pues tenía miedo de olvidar su voz, pero prefería no hacerlo muy a menudo puesto que la frialdad del teléfono le resultaba incómoda y también porque no solía tener mucho que contar. Las anécdotas parecían vacías, y lo único que conseguían era aumentar la soledad de la habitación.  Además al colgar le invadía la añoranza mientras en su cabeza retumbaba ese adiós con tono triste que tenía tanto de "siento que no estés aquí" como de "siento que no tengamos nada más que decir".

jueves, 12 de julio de 2012

No sólo se trata de Supervivencia

La magnitud nos oprime. La capacidad resolutiva de la mente queda empequeñecida ante las cuestiones que ella misma plantea. Y me confiesas la existencia de un secreto, pero no me revelas el contenido de este. En un instante de intensidad traída por palabras que intentan ordenar el caos en el que vivimos me pasan por la mente unas pocas personas con las que me gustaría compartir el momento. He pensado en ricos y pobres, en recortes y bombas, también en drogas y música. He pensado en gente diversa, en ti también, por supuesto, sobretodo en ti. De repente, desde dentro de la flor de celofán aparece una revelación que no significa nada pero que me dice todo. Sin duda los colores más bellos se encuentran delante de mi, ahora los veo y de repente, ya no, se vuelven sombríos sin motivo aparente y entonces me giro para comprobar que está pasando de verdad. Mi cabeza da vueltas entre melodías indias y voces británicas, y entro en un espiral de nada. Cuando dejo de girar aún suena la misma melodía, y me pregunto si ese rato de divagaciones circulares con música de fondo y carteles antiguos habrá durado más de 15 segundos. Viajo a tu cabeza pero está cerrada con llave, me apoyo en la puerta y escucho, puedo intuir cosas pero ¿quién sabe realmente lo que se encuentra dentro?
No me parece el fin del mundo, aunque leer las noticias no refuerza esa visión. Me preocupa el frío pero levemente. El calor está presente, el climático, y el otro se mantiene gracias a la comunicación y el recuerdo.
Me he roto tantas veces que miro como me parto con tranquilidad. Sin embargo, a veces, vuelve a doler como lo hizo la primera vez.
No somos lo que somos, somos lo que creemos que somos. 

domingo, 8 de julio de 2012

Dos no hablan si uno no quiere o es mudo.

Personaje 1-Te duele el corazón demasiado a menudo.
Personaje 2-Lo sé
P1-¿No lo curas?
P2-¿Tiene cura?
P1-Tú sabrás.
P2-Creo que no

P2-Tú me dijiste que estaba enamorado de ella
P1-No lo estabas.
P2-¿Ahora crees que no lo estaba?
P1-No deberías haber necesitado que te lo dijese yo en caso de estarlo ¿no?
P2-Eres una hija de puta
P1-No metas a mi madre en esto.

P1-Webber
P2-Alonso

P1-Yo te quiero.
P2-Lo sé, me parece bien
P1-Maricón.
P2-Estoy destrozado, no puedo mostrar amor
P1-Cuando yo estoy destrozada es cuando muestro más amor.
P2-Yo también te quiero, sin ti sería aún peor
P1-¿Quieres follar?
P2-¿Qué?¿Contigo?
P1-Sí, si eso te anima, estoy dispuesta.
P2-No, joder, no me anima...Pero gracias, supongo
P1-De nada.

P1-No pones puntos al final de la frase.
P2-Lo sé

P2-Pon los Beatles
P1-¿Cuando nos vamos a drogar?
P2-Mañana
P1-¿Sí?
P2-Sí, si quieres
P1-Claro, me has hablado tanto sobre ello...
P2-En general prefiero mi estado natural, me siento muy capacitado para sentir y crear sin necesidad de meterme nada...pero a veces, no sé, debes elegir bien el momento
P1-Ahá.
P2-Es como todo, elegir el momento puede que sea la clave.
P1-¿Cómo sabes cual es el momento?
P2-No lo sabes, ahí está la gracia, primero dices voy a vivir el momento y es cuando estás en él cuando sabes si es el adecuado o no
P1-¿Y si no lo es?
P2-¿Y si lo es?

P1-P2...pedos...jajaja
P2-Jeje

P1-Entonces, con ella ¿cuando te diste cuenta de que no era el momento?
P2-Nunca, sí que era el momento
P1- :o
P2-A veces todo no es suficiente
P1-¿Estás triste?
P2-Nunca me he sentido tan humano
P1-Pero estás triste.
P2-Sólo por mi
P1-¿Por qué más ibas a estar triste?
P2-Por ella
P1-¿Y no lo estás?
P2-No, me alegro por ella
P1-Y te entristeces más por ti, por reconocer que para ella es mejor así, que tú no eres lo mejor.
P2-Asiento con la cabeza
P1-Yo te abrazo
P2-¿Vemos una comedia?
P1-Británica.
P2-Vale